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Parroquia de San Julián de los Prados

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Actualidad

II Domingo de Pascua

Primera lectura

Lectura del libro de los hechos de los apóstoles

He 2, 42-47

    

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

    Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

    Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.


Salmo
Sal 117

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia


Segunda lectura
Primera Carta del apóstol san Pedro
1 Pe 1, 3-9

   Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.

    Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un Poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan
Jn 20, 19-31

   
 Trae tu mano, métela en mi costado"


   Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

    «Paz a vosotros».

    Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

    «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

    Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

    «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

    Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
    
    «Hemos visto al Señor».

    Pero él les contestó:

    «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

    A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

    «Paz a vosotros».

    Luego dijo a Tomás:

    «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

    Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!».

    Jesús le dijo:

    «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

    Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Domingo de Resurrección

Primera lectura

Lectura del libro de los hechos de los apóstoles
He 10, 34a. 37-43

    En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

    «Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

    Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

    Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».


Salmo
Sal 117

R. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo


Segunda lectura
Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
Col 3, 1-4

   Hermanos:

    Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

    Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan
Jn 20, 1-9

   
 Entró, vio y creyó"


   El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

    Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

    «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

    Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

    Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

    Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

    Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Domingo de Ramos

 Primera lectura

Lectura del libro de Isaías
Is 50, 4-7

    El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. 

    Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. 

    El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

    Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.

    El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.


Salmo
Sal 21

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Segunda lectura
Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
Flp 2, 6-11

   Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

    Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

    Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


Evangelio del día
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
Mt 26, 14 – 27, 66

   
 Verdaderamente este era Hijo de Dios"


   Cronista - C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

    Sinagoga/pueblo - S. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».

    C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

    C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

    S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».

    C. Él contestó:

    Jesús + «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».

    C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

    C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

    + «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».

    C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro

    S. «¿Soy yo acaso, Señor?».

    C. Él respondió:

    + «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

    C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

    S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».

    C. Él respondió:

    + «Tú lo has dicho».

    C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:

    + «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».

    C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:

    + «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».

    C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.

    C. Entonces Jesús les dijo:

    + «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, por- que está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».

    C. Pedro replicó:

    S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».

    C. Jesús le dijo:

    + «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».

    C. Pedro le replicó:

    S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».

    C. Y lo mismo decían los demás discípulos.

    C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:

    + «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».

    C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:

    + «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».

    C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

    + «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

    C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

    + «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

    C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

    + «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

    C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:

    + «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

    C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

    S. «Al que yo bese, ese es: prendedlo».

    C. Después se acercó a Jesús y le dijo:

    S. «¡Salve, Maestro!».

    C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

    + «Amigo, ¿a qué vienes?».

    C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:

    + «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».

    C. Entonces dijo Jesús a la gente:

    + «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».

    C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

    C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.

    Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

    S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».

    C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

    S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».

    C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

    S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».

    C. Jesús le respondió:

    + «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».

    C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:

    S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?».

    C. Y ellos contestaron:

    S. «Es reo de muerte».

    C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:

    S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».

    C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:

    S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».

    C. Él lo negó delante de todos diciendo:
    
    S. «No sé qué quieres decir».

    C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

    S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».

    C. Otra vez negó él con juramento:

    S. «No conozco a ese hombre».

    C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:

    S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».

    C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:

    S. «No conozco a ese hombre».

    C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

    C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

    C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:

    S. «He pecado entregando sangre inocente».

    C. Pero ellos dijeron:

    S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».

    C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:

    S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».

    C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:

    «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».

    C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

    S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

    C. Jesús respondió:

    + «Tú lo dices».

    C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
    
    S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».

    C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:

    S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».

    C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

    S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».

    C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:

    S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».

    C. Ellos dijeron:

    S. «A Barrabás».

    C. Pilato les preguntó:

    S. ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».

    C. Contestaron todos:

    S. «Sea crucificado».

    C. Pilato insistió:

    S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».

    C. Pero ellos gritaban más fuerte:

    S. «¡Sea crucificado!».

    C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:

    S. «¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».

    C. Todo el pueblo contestó:

    S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».

    C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

    C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:

    S. «¡Salve, rey de los judíos!».

    C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

    C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

    C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:

    S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

    C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:

    S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».

    C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

    C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:

    + «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».

    C. (Es decir:

    + «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

    C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:

    S. «Está llamando a Elías».

    C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían:
    
    S. «Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».

    C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

    (Todos se arrodillan, y se hace una pausa.)

    C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

    S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».

    C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

    C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

    C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

    S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».

    C. Pilato contestó:

    S. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».

    C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.

Calendario Semana Santa 2026



   Aquí puedes consultar el calendario de celebraciones que tendremos en la parroquia, así como los horarios de misas para los días de Semana Santa.


Domingo de Ramos

Misas: 11:00,12:00,13:00

Habrá Bendición de Ramos también en la misa del sábado a las 18:30


Lunes, Martes y Miércoles Santo

Eucaristía 18:30

Jueves Santo

Cena del Señor a las 17:00

Hora Santa a las 20:00


Viernes Santo

Celebración de la Pasión del Señor a las 17:00

Viacrucis a las 20:00


Sábado Santo

Celebración Vigilia Pascual a las 22:00

Domingo de Pascua

Misas a las 12:00 y las 13:00

Se suprime la misa de 11:00



V Domingo de Cuaresma

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel
Ez 37, 12-14

    Esto dice el Señor Dios:

    «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel.

    Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.

    Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago -oráculo del Señor-».


Salmo
Sal 129

R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Segunda lectura
Carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Ro  8, 8-11

   Hermanos:

    Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

    Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan
Jn 1, 3-7. 17. 20-27. 33-45

   
 Yo soy la resurrección y la vida"


   En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:

    «Señor, el que tú amas está enfermo».

    Jesús, al oírlo, dijo:

    «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

    Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

    Solo entonces dijo a sus discípulos:

    «Vamos otra vez a Judea».

    Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

    Y dijo Marta a Jesús:

    «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

    Jesús le dijo:

    «Tu hermano resucitará».

    Marta respondió:

    «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

    Jesús le dijo:

    «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

    Ella le contestó:

    «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

    Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:

    «¿Dónde lo habéis enterrado?».

    Le contestaron:

    «Señor, ven a verlo».

    Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

    «¡Cómo lo quería!».

    Pero algunos dijeron:
    
    «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

    Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:

    «Quitad la losa».

    Marta, la hermana del muerto, le dijo:

    «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

    Jesús le replicó:

    «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

    Entonces quitaron la losa.

    Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

    «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

    Y dicho esto, gritó con voz potente:

    «Lázaro, sal afuera».

    El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

    «Desatadlo y dejadlo andar».

    Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

IV Domingo de Cuaresma

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel
1 Sam 6, 1b. 6-7. 10-13a

    En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:

    «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

    Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:

    «Seguro que está su ungido ante el Señor».

    Pero el Señor dijo a Samuel:

    «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

    Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:

    «El Señor no ha elegido a estos».

    Entonces Samuel preguntó a Jesé:

    «¿No hay más muchachos?».

    Y le respondió:

    «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

    Samuel le dijo:

    «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

    Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:

    «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

    Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.


Salmo
Sal 22

R. El Señor es mi pastor, nada me falta


Segunda lectura
Carta del apóstol san Pablo a los Efesios
Ef  5, 8-14

   Hermanos:

    Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.

    Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

    Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.

    Por eso dice:

    «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan
Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

   
 ¿Crees tú en el Hijo del hombre?"


   En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:

    «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

    Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

    «¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

    Unos decían:

    «El mismo».

    Otros decían:

    «No es él, pero se le parece».

    El respondía:

    «Soy yo».

    Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:

    «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».
 
    Algunos de los fariseos comentaban:

    «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

    Otros replicaban:

    «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

    Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

    «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

    Él contestó:

    «Que es un profeta».

    Le replicaron:

    «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

    Y lo expulsaron.

    Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

    «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

    Él contestó:

    «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

    Jesús le dijo:

    «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

    Él dijo:

    «Creo, Señor».

    Y se postró ante él.

horarios e información

Misas

Laborales, sábados y visperas de festivo:

18:30 (octubre a junio)

19:30 (julio a septiembre)

Domingos y festivos

11:00, 12:00 y 13:00 (octubre a junio).

11:00 y 13:00 (julio a septiembre).

Horarios especiales de Navidad aquí.

Bautizos:

Segundo y cuarto domingo de cada mes tras la misa de las 13:00.

Celebración de Sacramentos

Consulta aquí los criterios para celebrar sacramentos en nuestra parroquia.

Solicitud Certificados

Descarga aquí la solicitud y preséntala en el despacho parroquial con una copia del DNI del solicitante (el trámite puede hacerlo una persona autorizada por el mismo).

El coste de un certificado es de 15€ que se pueden abonar en metálico o mediante ingreso en la cuenta ES12 0081 5307 7500 0109 1712.

Consulta aquí el coste de misas, ofrendas de sacramentos y aranceles.

Despacho parroquial

Miércoles y jueves

Octubre a junio: de 19:30 a 20:30.

Julio a septiembre: de 20:00 a 21:00.

Teléfonos: 626 279 470 / 985 28 55 82

Confesión

Todos los días antes de misa, cuando se solicite.

Visitas

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Donativos

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EVANGELIO

Al día siguiente vió venir a Jesus y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: En pos de mí viene un varón que ha pasado delante de mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía; mas para que El fuese manifestado a Israel he venido yo, y bautizo en agua.

Evangelio de San Juan

Capítulo 1:29-31

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque el juicio que vosotros hacéis, se aplicará a vosotros, y la medida que usáis, se usará para vosotros. ¿Por qué ves la pajuela que esta en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo?

Evangelio de San Mateo

Capítulo 7:1-3

Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados”.

Evangelio de San Mateo

Capítulo 6:14-15

Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad lo que podáis tener contra alguien, a fin de que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados. Si no perdonáis, vuestro Padre que está en los cielos no os perdonará tampoco vuestros pecados.

Evangelio de San Marcos

Capítulo 11:25-26

"Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?". Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo. Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella”.

Evangelio de San Juan

Capítulo 8:5-7

985 285 582 / 626 264 860

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