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Parroquia de San Julián de los Prados

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Actualidad

El Bautismo del Señor

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías
Is 60, 1-6

    Esto dice el Señor:

    «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.  He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.

    Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.

    Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Salmo
Sal 28

R. El Señor bendice a su pueblo con la paz


Segunda lectura
Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles 
He 10, 34-38

    En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

    «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

    Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 3, 13-17
   
 Éste es mi hijo amado"


En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

    «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

    Jesús le contestó:

    «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

    Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

    Y vino una voz de los cielos que decía:

    «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Epifanía del Señor

Primera lectura 

Lectura del libro de Isaías 
 Is 60, 1-6

   ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

    Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.

    Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

    Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.

    Entonces lo verás, y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

    Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.


Salmo
Sal 71.

    R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios

Ef 3, 2-3a. 5-6

  Hermanos:

    Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.

    Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 2, 1-12


    ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?"

  Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

    «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

    Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

    Ellos le contestaron:

    «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

    “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”».

    Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

    «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

    Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

    Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

    Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

II Domingo de Navidad


Primera lectura 

Lectura del libro del Eclesiástico 
 Sir 324, 1-2. 8-12

    La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.

    En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.

    «El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.

    Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir.

    Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.

    En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.

    Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».



Salmo
Sal 147.

    R. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios

Ef 1, 3-6. 15-18

  Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

    Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

    Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

    Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Jn 1, 1-18


     El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"

  En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

    Él estaba en el principio junto a Dios.

    Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

    En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

    Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

    Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

    No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

    El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

    En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

    Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

    Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

    Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

    Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

    Juan da testimonio de él y grita diciendo:

    «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

    Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

    Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

    A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

La Sagrada Familia

Primera lectura 

Lectura del libro del Eclesiástico 
 Sir 3, 2-6. 12-14

    El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

    Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

    Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado.

    Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

    Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

    Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él, y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

    Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.



Salmo
Sal 127.

    R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses

Col 3, 12-21

    Hermanos:

    Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

    Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

    El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

    Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

    Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

    Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

    Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

    Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

    Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

    Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 2, 13-15. 19-23


    Honra a tu padre y a tu madre"

    Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

    «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

    José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

    Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

    «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

    Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

    Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

IV Domingo de Adviento

Primera lectura 

Lectura del libro de Isaías 
 Is 37, 10-14

    En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:

    «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

    Respondió Ajaz:

    «No lo pido, no quiero tentar al Señor».

    Entonces dijo Isaías:

    «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».



Salmo
Sal 23.

    R. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos

Ro 1, 1-7

    Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

    Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo.

    A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 1, 18-24


    La misericordia de Dios toca la tierra"

    La generación de Jesucristo fue de esta manera:

    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

    José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

    Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:

    «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

III Domingo de Adviento

Primera lectura 

Lectura del libro de Isaías 
 Is 35, 1-6a. 10

    El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.

    Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

    Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

    Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis.

    He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios.

    Viene en persona y os salvará».

    Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo.

    Retornan los rescatados del Señor.

    Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.

    Los dominan el gozo y la alegría.

    Quedan atrás la pena y la aflicción.


Salmo
Sal 145.

    R. Ven, Señor, a salvarnos

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol Santiago

Sant 5, 7-10

    Hermanos:

   Esperad con paciencia hasta la venida del Señor.

    Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

    Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

    Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.

    Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 11, 2-11


    Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo"

    En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:

    «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

    Jesús les respondió:

    «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

    Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

    «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

    Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

    En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

horarios e información

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Bautizos:

Segundo y cuarto domingo de cada mes tras la misa de las 13:00

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Todos los días antes de misa, cuando se solicite.

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EVANGELIO

Al día siguiente vió venir a Jesus y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: En pos de mí viene un varón que ha pasado delante de mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía; mas para que El fuese manifestado a Israel he venido yo, y bautizo en agua.

Evangelio de San Juan

Capítulo 1:29-31

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque el juicio que vosotros hacéis, se aplicará a vosotros, y la medida que usáis, se usará para vosotros. ¿Por qué ves la pajuela que esta en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo?

Evangelio de San Mateo

Capítulo 7:1-3

Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados”.

Evangelio de San Mateo

Capítulo 6:14-15

Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad lo que podáis tener contra alguien, a fin de que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados. Si no perdonáis, vuestro Padre que está en los cielos no os perdonará tampoco vuestros pecados.

Evangelio de San Marcos

Capítulo 11:25-26

"Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?". Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo. Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella”.

Evangelio de San Juan

Capítulo 8:5-7

985 285 582 / 626 264 860

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