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III Domingo de Cuaresma

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo
Ex 17, 3-7

    En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo: 

    «¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».

    Clamó Moisés al Señor y dijo: 

    «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».

    Respondió el Señor a Moisés: 

    «Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».

    Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:

    «¿Está el Señor entre nosotros o no?».


Salmo
Sal 94

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»


Segunda lectura
Carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Ro 5, 1-2. 5-8

    Hermanos:

    Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

    Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

    En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan
Jn 4, 5-42

   
 Dame de beber"


   En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

    Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

    Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».

    Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

    «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

    Jesús le contestó:

    «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

    La mujer le dice:

    «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

    Jesús le contestó:

    «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

    La mujer le dice:

    «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

    Él le dice:

    «Anda, llama a tu marido y vuelve».

    La mujer le contesta:

    «No tengo marido».

    Jesús le dice:

    «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

    La mujer le dice:

    «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

    Jesús le dice:
    
    «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

    La mujer le dice:

    «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

    Jesús le dice:

    «Soy yo, el que habla contigo».

    En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

    La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

    «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

    Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:

    «Maestro, come».

    Él les dijo:

    «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

    Los discípulos comentaban entre ellos:

    «¿Le habrá traído alguien de comer?».

    Jesús les dice:

    «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

    ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

    Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

    En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

    Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

    «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

II Domingo de Cuaresma

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis
Gn  12, 1-4a

    En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:

    «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

    Abrán marchó, como le había dicho el Señor.


Salmo
Sal 32

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti


Segunda lectura
Segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 
2 Tim  1, 8b-10

    Querido hermano:

    Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

    Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 17, 1-9

   
 Levantaos, no tengáis miedo"


   En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

    Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

    Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

    «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

    Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:

    «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

    Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

    Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

    «Levantaos, no temáis».

    Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

    Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

    «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

I Domingo de Cuaresma

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis
Gn  12, 7-9; 3, 1-7

    El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.

    Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

    El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

    La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:

    «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

    La mujer contestó a la serpiente:

    «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:

    “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

    La serpiente replicó a la mujer:

    «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

    Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.

    Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.


Salmo
Sal 50

R. Misericordia, Señor: hemos pecado


Segunda lectura
Primera carta del apóstol san Pablo a los Romanos 
Ro  5, 12-19

    Hermanos:

    Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...

    Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

    Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

    Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:
pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

    Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

    En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

    Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.



Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 4, 1-11

   
 No tentarás al Señor, tu Dios"


   En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:

    «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

    Pero él le contestó:

    «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

    Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

    «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

    Jesús le dijo:

    «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

    De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

    «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

    Entonces le dijo Jesús:

    «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

    Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

VI Domingo de tiempo ordinario

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico
Sir  15, 15-20

    Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.

    Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.

    Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.

    Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre.

    A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.



Salmo
Sal 118

R. Dichoso el que camina en la ley del Señor


Segunda lectura
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 
1 Cor  2, 6-10

    Hermanos:

    Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

    Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

    Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.



Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 5, 17-37

   
 No he venido a abolir a ley, sino a darle plenitud"


    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

    El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

    Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

    Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

    Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.

    Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

    Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

    Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

    Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

    También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

    Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

V Domingo de tiempo ordinario

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías
Is  58, 7-10

    Esto dice el Señor:

    «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos.

    Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.

    Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

    Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».


Salmo
Sal 111

R. El justo brilla en las tinieblas como una luz.


Segunda lectura
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 
1 Cor  2, 1-5

    Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

    También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 5, 13-16

   
 Sois sal y luz para el mundo"


    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

    No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

    Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

    Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

    Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

IV Domingo de tiempo ordinario

Primera lectura

Lectura de la profecía de Sofonías
So 2, 3; 3, 12-13

    Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor.

    Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.

    El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.

    Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.


Salmo
Sal 145

R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


Segunda lectura
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 
1 Cor  1, 26-31

    Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

    Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

    A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

    Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 5, 1-12a

   
 Bienaventurados"


    En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

    «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

    Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

    Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

    Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

    Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

    Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

    Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

    Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

    Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

III Domingo de tiempo ordinario

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías
Is 8, 23b – 9, 3

    En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

    El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

    Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

    Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.


Salmo
Sal 26

R. El Señor es mi luz y mi salvación.


Segunda lectura
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 
1 Cor  1, 10-13. 17

    Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

    Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

    ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

    Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 4, 12-23
   
 Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres"


    Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

    «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

    Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».

    Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo:

    «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

    Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

    Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

    Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

II Domingo de tiempo ordinario

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías
Is 49, 3. 5-6

    Me dijo el Señor:

    «Tu eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

    Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.

    Y mi Dios era mi fuerza:

    «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».


Salmo
Sal 39

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


Segunda lectura
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 
1 Cor  1, 1-3

    Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan
Jn 1, 29-34
   
 Tras de mí viene uno que está por delante de mí"


    En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

    «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

    Y Juan dio testimonio diciendo:

    «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
    
    “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

    Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

El Bautismo del Señor

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías
Is 60, 1-6

    Esto dice el Señor:

    «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.  He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.

    Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.

    Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Salmo
Sal 28

R. El Señor bendice a su pueblo con la paz


Segunda lectura
Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles 
He 10, 34-38

    En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

    «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

    Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 3, 13-17
   
 Éste es mi hijo amado"


En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

    «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

    Jesús le contestó:

    «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

    Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

    Y vino una voz de los cielos que decía:

    «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Epifanía del Señor

Primera lectura 

Lectura del libro de Isaías 
 Is 60, 1-6

   ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

    Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.

    Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

    Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.

    Entonces lo verás, y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

    Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.


Salmo
Sal 71.

    R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios

Ef 3, 2-3a. 5-6

  Hermanos:

    Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.

    Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 2, 1-12


    ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?"

  Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

    «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

    Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

    Ellos le contestaron:

    «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

    “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”».

    Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

    «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

    Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

    Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

    Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

II Domingo de Navidad


Primera lectura 

Lectura del libro del Eclesiástico 
 Sir 324, 1-2. 8-12

    La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.

    En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.

    «El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.

    Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir.

    Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.

    En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.

    Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».



Salmo
Sal 147.

    R. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios

Ef 1, 3-6. 15-18

  Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

    Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

    Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

    Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Jn 1, 1-18


     El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"

  En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

    Él estaba en el principio junto a Dios.

    Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

    En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

    Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

    Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

    No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

    El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

    En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

    Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

    Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

    Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

    Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

    Juan da testimonio de él y grita diciendo:

    «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

    Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

    Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

    A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

La Sagrada Familia

Primera lectura 

Lectura del libro del Eclesiástico 
 Sir 3, 2-6. 12-14

    El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

    Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

    Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado.

    Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

    Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

    Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él, y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

    Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.



Salmo
Sal 127.

    R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses

Col 3, 12-21

    Hermanos:

    Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

    Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

    El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

    Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

    Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

    Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

    Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

    Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

    Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

    Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 2, 13-15. 19-23


    Honra a tu padre y a tu madre"

    Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

    «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

    José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

    Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

    «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

    Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

    Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

IV Domingo de Adviento

Primera lectura 

Lectura del libro de Isaías 
 Is 37, 10-14

    En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:

    «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

    Respondió Ajaz:

    «No lo pido, no quiero tentar al Señor».

    Entonces dijo Isaías:

    «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».



Salmo
Sal 23.

    R. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Segunda lectura 

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos

Ro 1, 1-7

    Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

    Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo.

    A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.


Evangelio del día 
Lectura del santo evangelio según San Mateo
Mt 1, 18-24


    La misericordia de Dios toca la tierra"

    La generación de Jesucristo fue de esta manera:

    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

    José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

    Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:

    «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

horarios e información

Misas

Laborales, sábados y visperas de festivo:

18:30 (octubre a junio)

19:30 (julio a septiembre)

Domingos y festivos

11:00, 12:00 y 13:00 (octubre a junio).

11:00 y 13:00 (julio a septiembre).

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Bautizos:

Segundo y cuarto domingo de cada mes tras la misa de las 13:00.

Celebración de Sacramentos

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Solicitud Certificados

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Despacho parroquial

Miércoles y jueves

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Julio a septiembre: de 20:00 a 21:00.

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Confesión

Todos los días antes de misa, cuando se solicite.

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EVANGELIO

Al día siguiente vió venir a Jesus y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: En pos de mí viene un varón que ha pasado delante de mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía; mas para que El fuese manifestado a Israel he venido yo, y bautizo en agua.

Evangelio de San Juan

Capítulo 1:29-31

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque el juicio que vosotros hacéis, se aplicará a vosotros, y la medida que usáis, se usará para vosotros. ¿Por qué ves la pajuela que esta en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo?

Evangelio de San Mateo

Capítulo 7:1-3

Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados”.

Evangelio de San Mateo

Capítulo 6:14-15

Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad lo que podáis tener contra alguien, a fin de que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados. Si no perdonáis, vuestro Padre que está en los cielos no os perdonará tampoco vuestros pecados.

Evangelio de San Marcos

Capítulo 11:25-26

"Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?". Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo. Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella”.

Evangelio de San Juan

Capítulo 8:5-7